Hubo un tiempo en que un empate africano contra una potencia era una noticia extraordinaria. Un resultado para guardar, para recordar durante años, para convertir en símbolo. Este Mundial 2026 parece estar contando otra historia. Una donde Marruecos ya no necesita demostrar nada contra Brasil. Donde Cabo Verde no se conforma con participar de su primera Copa del Mundo. Donde República Democrática del Congo puede mirar a Portugal a los ojos sin pedir permiso.
La primera fecha dejó imágenes que ayudan a entender el fenómeno. Marruecos le quitó puntos a Brasil, Egipto frenó a Bélgica, Costa de Marfil debutó con una victoria clave, Ghana encontró un triunfo agónico y República Democrática del Congo sorprendió al empatar con Portugal, uno de los candidatos europeos. Incluso Cabo Verde, debutante absoluto en una Copa del Mundo, mostró personalidad para rescatar un empate frente a España. Son resultados distintos entre sí, pero que juntos construyen una misma sensación: la distancia entre África y las potencias tradicionales parece cada vez menor.
Detrás de esa transformación hay años de trabajo, cambios estructurales y una evolución que especialistas vienen observando desde hace tiempo. En diálogo con Ámbito, los periodistas especializados en fútbol africano, Francisco Jáuregui y Nahuel Lanzón coincidieron en que el crecimiento es real, aunque todavía quedan pasos por dar para que el continente pueda discutir seriamente por el título.